Falta poco para la medianoche del 31 de diciembre y Porfirio Vélez se prepara para quemar el monigote, como es la tradición en su natal Ecuador.  Quemar el Año Viejo, ese muñeco de cartón vestido con ropa vieja y relleno de paja o aserrín, piensan Porfirio y muchos como él, abolirá todo lo negativo del pasado y les permitirá redimirse de lo malo que hicieron.

            Es lo que anhelan esas almas transgresoras.  Sin embargo, yo sé que no es así de fácil incinerar lo malo de nuestro pasado, nuestros grandes errores, los actos de los que nos avergonzamos eternamente, nuestros pecados, nuestras maldades, nuestras miserias humanas.

            El daño hecho -cuando hay conciencia en el que yerra- es un daño imborrable tanto para la que es vejada como para el que perpetró el acto execrable.  No hay fuego que haga cenizas nuestros sacrilegios.  Ya quisiera yo poder poner en llamas mis fechorías y verlas desaparecer.  Tendría, por supuesto, muchos muñecos que quemar.

            Los Años Viejos van pasando, felizmente, unos más rápidos que otros, pero el transcurrir del tiempo tampoco sirve para calcinar las culpas enraizadas en mi ser.  Hay días en que, mentalmente, prendo fuego a mis monigotes rellenos de lodo y espero como Porfirio, pero el remordimiento no se consume; se propaga, me abrasa, me lacera, me sofoca, me asfixia, y no encuentro el perdón para mi mismo.

            Nunca lo hallaré, yo sé, pero, una y mil veces más, perdón.

Avión despegó el 1 de enero y aterrizó el 31 de diciembre

Adaptación de artículo en Internet

Los viajeros de un vuelo que hacía la ruta Pekín-Los Ángeles comenzaron su viaje el primero de enero del 2022 y llegaron a su destino el 31 de diciembre de 2021.  No es un error de los avisos en el aeropuerto, y tampoco se trata de una película de ciencia ficción.

Este fenómeno ocurre por dos razones: la dirección de rotación de la Tierra y la forma en que asignamos husos horarios al planeta.  Ocurre con todo vuelo que cruza la línea internacional de cambio de fecha, la cual se encuentra entre la costa de Asia y la costa oeste de Estados Unidos.

Por este motivo, cada vez que una persona viaja de América a Asia por el océano Pacífico, debe adelantarse un día; sin embargo, si uno cruza la línea internacional de cambio de fecha desde Asia en dirección a América, la fecha deberá retrasarse un día.  Nuestro planeta gira en dirección de oeste a este, y los husos horarios agregan una hora cada uno hasta acumular las 24 horas que hacen un día completo.

Esto fue lo que les pasó a los pasajeros del vuelo 625 de Air China.  Como ellos viajaban de Pekín hacia Estados Unidos, tuvieron que atrasar la fecha, cambiando del 1 de enero de 2022 al 31 de diciembre de 2021, y gracias a las 17 horas de diferencia entre ambas ciudades, el vuelo aterrizó a las 21:34.  Por lo tanto, los viajeros tuvieron la gran oportunidad de celebrar el incio del 2022 dos veces.